¿Y ahora qué?

12 03 2008

 

 

El pueblo ha hablado y su voz debe ser respetada. Guste a los que menos tanto como a los que más. Cosa difícil ante esta réplica electoral de 2004, con el terrorismo fanático y asesino en amenaza perpetua a la democracia. Las urnas han dejado clara la preferencia de la mayoría por el PSOE y no habría más que acatarla. Pero la pregunta es: ¿será posible? La crispación que ha incendiado la legislatura debería tener fin en esta nueva etapa y a partir de ahí, un consenso abierto a todos para replantear las reglas de juego de la democracia. Las primeras palabras de José Luis Rodríguez Zapatero tras la victoria apuntan en esa dirección de borrón y cuenta nueva.

      La situación, sin embargo, no está para idilios. Está por ver hasta qué punto una parte de la derecha humillada en las urnas, la más cavernosa y montaraz, está en verdad dispuesta a aceptar la derrota y a lamerse sus heridas sin infligir otras nuevas. Sería conveniente para la salud democrática que se abriera un tiempo nuevo, circunstancia que será inviable con un Partido Popular que dialoga con el hacha en la mano. La reafirmación del liderazgo, aunque precario, de Mariano Rajoy deberá acompañarse de algo de orden y limpieza en los mandos intermedios que tanto han empozoñado España, para no sumar nada a la victoria. El acebismo y el zaplanismo están condenados a pasar al capítulo negro de la historia política española. Y está por ver, tiempo habrá, si los nuevos estilos de la derecha vienen del aguirrismo o el gallardonismo.

      El análisis posparto tiene una segunda parte no menos despreciable en la Comunitat Valenciana. La estrategia del victimismo pertinaz ha vuelto a otorgar excelentes réditos al PP. La victoria popular es incuestionable, pero a nadie escapa que el salto electoral dado con respecto a 2004 tiene mucho de coyuntural: la ley d’Hont le ha puesto en bandeja el escaño que gana Alicante por incremento población y el que pierde la izquierda a la izquierda del PSOE por la marimorena en el seno de una Esquerra Unida que se ha conducido con ortodoxias suicidas. También para EU comienza ahora un tiempo nuevo: el de las dimisiones. En el PP, los arrebatos de los González Pons & Cia a lo Scartett O’Hara en la plantación de Tara jurando que la Comunitat Valenciana no volverá a pasar sed han calado en el subconsciente colectivo de casi la mitad de los votantes. Pero es un castillo de naipes que algún día caerá con estrépito. En el PSPV, los tambores congresuales llaman a la refundación. Y eso no es, ni siquiera, una VPO de naipes.