Primera consideración: el PSOE ganó las elecciones y gobernará, desde una precariedad plácida, bajo el liderazgo atemperado de Zapatero. Segunda consideración: el PP ha perdido, pero ha asentado una hegemonía casi perpetua en una Comunitat Valenciana que parece olvidar su raíz izquierdista, republicana y blasquista. Tercera consideración: el conflicto territorial persistirá entre centro y periferia, entre progresismo centrista y derecha drástica, entre Gobierno y Consell. Cuarta consideración (y última): se abre la veda para la administración de fracasos y derrotas, victorias y laureles.
Interesa saber, y mucho, cómo se gestionará el triunfo, pero la adjudicación del éxito no tiene glamour mediático, lo que en verdad atrae es el debate de la catástrofe. Un ámbito, el de los descalabros, en el que el PSPV atesora experiencia probada desde que en 1995 fuera apartado del Gobierno valenciano por las huestes del zaplanismo aquel, ese que ya es sorda historia. Ahora empieza el tiempo de la reflexión, de preguntas con respuestas. Los días después son buenos escenarios para la retórica, para explorar causas y porqués, meter el dedo en el ojo ajeno y marear perdices. Pero, sobre todo, para repensar el veredicto del juicio final y buscar las claves de la derrota o, mejor dicho, del fracaso. (Porque la derrota supone la aniquilación, la aceptación de que el otro ha ganado a nuestra costa, que uno ha sido desplazado del paisaje. Siempre es preferible el fracaso, que se vincula al error propio, pero admite la posibilidad del resurgimiento).
El socialismo valenciano se lame sus heridas con la vista puesta en el congreso nacional en el que deberá/debería vitaminarse y mineralizarse, al estilo de Super Ratón, para afrontar un tiempo, otro, en el que edificar una nueva confianza ciudadana. La cita emplaza a las mujeres y hombres socialistas a definir el marco de relaciones que quieren para el electorado progresista-centrista. Una tarea a la que afanarse para reconquistar el crédito político dilapidado. Pero ante todo, el empeño principal del PSPV deberá/debería ser la búsqueda del nuevo rostro del socialismo valenciano, líder o lideresa que dinamice un partido estático, distante y noqueado por el victimismo rampante del Partido Popular. La misión es tan difícil como posible, siempre que las taifas dejen de escupir al aire (ya se sabe que todo lo que sube tiende a bajar) y funcione el marketing. Es obvio. Se busca Obama. Requisitos: imaginación, modernidad, cercanía. Razón: Blanquerías, 4.
